Dejad que jueguen

Una cuestión fundamental durante el desarrollo del software es conseguir una solución que realmente cumpla con las necesidades del cliente. Para ello, como ya hemos comentado en otras ocasiones, el design thinking es una metodología interesante, porque nos permite colocar al cliente en el centro del desarrollo gracias a su implicación directa en el proceso.

La última fase del design thinking es la de test, pero con una aproximación muy distinta a lo que tradicional. Hasta no hace mucho el entorno de test en software se había centrado en mostrar a los clientes las funcionalidades del mismo una vez desarrollado. El cliente podía encontrar algún mal funcionamiento sobre el sistema entregado, pero debía plegarse a lo que ya estaba construido, sin margen de maniobra, por los altos costes que una modificación acarreaba una vez entregado el producto completo.

Sin embargo, si aplicamos design thinking como un proceso de descubrimiento, en el que exploramos el problema y descubrimos la solución, tiene sentido crear un entorno de pruebas durante las fases de incepción, concepción y desarrollo del propio software.

Así le ofrecemos al cliente la posibilidad de participar de las fases de descubrimiento y enfoque de la solución. Lo que nos permite incorporar a nuestro producto aquellas cuestiones que vayan surgiendo, de forma que nos aseguraremos de que el producto que estamos diseñando cumple con las necesidades reales del usuario final. A su vez el usuario adquirirá un conocimiento profundo de la herramienta en una fase temprana lo que nos proporcionará una mayor adhesión a nuestro software, pudiendo romper barreras durante la fase de implementación.

Estas son las bases sobre las que se sustenta el Digital Playground, un entorno diseñado para “jugar” con el sistema y que nos permite obtener feedback de primera mano. Así contrastamos que la solución cumple con las necesidades del usuario final y podemos afinar, priorizar y definir las funcionalidades teniéndolo en cuenta.

El Digital Playground es un entorno diseñado para “jugar” con el sistema, que nos permite obtener feedback de primera mano.

El proceso está dividido en tres fases:

  1. En un primer momento, el usuario tiene acceso a un entorno controlado, con unas funcionalidades limitadas para testar durante un determinado tiempo (2 o 3 semanas).
  2. El siguiente paso, es que el usuario conteste un cuestionario acerca de aspectos relacionados con las funcionalidades, las necesidades que estas cubren y el nivel de satisfacción de esas necesidades gracias a la herramienta desarrollada.
  3. En la tercera fase, el equipo se reúne con el usuario para aclarar determinados aspectos que no hayan quedado claros en ese primer feedback y para resolver posibles dudas que hayan surgido por parte del usuario. Este proceso se repetirá con cada uno de los módulos que el usuario quiera testar.

Es importante que el usuario tenga libertad para probar la herramienta y “jugar” con ella. Para que pueda hacerlo con éxito deberán ofrecerse otros materiales complementarios como demos on-line, la posibilidad de contactar con una persona que pueda solucionar dudas y sesiones de contraste.

Esto nos permitirá asegurarnos que las soluciones de software propuestas a cada cliente se adaptan a sus necesidades reales, más allá de los requerimientos de partida descritos, pudiendo modificar la solución para conseguir implantar aquello a lo que realmente va a sacarle partido.

Este valioso feedback sobre el conjunto del sistema que estamos desarrollando nos permite tener soluciones adaptadas para cada tipología de cliente. Y nos asegura que nuestro software está dando respuesta a problemas reales más allá de ideas preconcebidas o necesidades abstractas con las que se comenzó el desarrollo.

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